Tres Hermanos en la Guerra de 1856

Abril 11, 2020 4:39 am

Durante la Campaña Nacional de 1856-1857, los costarricenses bajo el liderazgo indiscutible del expresidente de la República, héroe y libertador nacional, Don Juan Rafael Mora Porras, decidieron enfrentar la injusticia, la desigualdad, la tiranía y la esclavitud, que traían consigo el grupo invasor de filibusteros liderados por William Walker.
Mucho se ha dicho de los héroes y líderes que intervinieron en dichas contiendas. Y mucho, queda aún por reconocer, del heroísmo que supo manifestar gran parte del pueblo de Costa Rica. Sabemos, que la historia la escriben los vencedores. Pero, la forma en que los pueblos la aceptan los define.
Comparto una de esas múltiples historias de costarricenses que en aquel momento supieron estar a la altura de las circunstancias, comprometiéndose con la causa. Tres hermanos de apellidos Castro Rodríguez, decidieron pagar el precio que la Gesta del 56 demandó y que representan, la actitud heroica de toda una nación, por defender la libertad, la democracia, la igualdad y la justicia de su país y de toda Centroamérica. Los tres, acudieron simultáneamente al llamado “a las armas”, que nuestro querido Don Juanito Mora, nos había advertido algún tiempo atrás, nos haría.
El menor de ellos, Zenón, fue devuelto de La Garita de Alajuela por ser muy joven. En aquella guerra, como en tantas otras de la historia universal, las ansias por cumplir con el deber, para muchos, superan las capacidades de hacerlo realmente. Las familias, debían separarse y algunos de los hijos, usualmente los mayores casados o los menores, debían quedarse cuidando los intereses de su familia, a sus padres y abuelos y en general, manteniendo la actividad propia del país, necesaria para ganar la contienda. En tiempos de guerra, siempre hay muchos frentes que cubrir y batallas de distinta naturaleza, que afrontar. Honor, a todos los héroes anónimos del pueblo de Costa Rica, ancianos, mujeres, jóvenes y niños, que se quedaron en el territorio nacional, afrontando el día a día durante la Guerra Patriótica del 56.
El segundo, Agustín, Sargento Segundo del ejército costarricense, falleció en la Batalla de Santa Rosa el 20 de marzo de 1856, según el historiador Don Rafael Obregón Loria. Fue uno de los 20 héroes nacionales que entregaron su vida en esa Batalla, defendiendo el territorio nacional. Como homenaje de su familia a su heroica entrega, sus hermanos y hermanas, que tuvieron hijos varones, bautizaron con su nombre a al menos uno de ellos y la tradición se transmitió generación tras generación. Todavía, hay muchos miembros de la gran familia Castro en Costa Rica, que combina su apellido con el nombre de Agustín y no saben su honorable origen. Ese gesto, se repitió en otras familias, con otros nombres de heroicos familiares. Es un claro ejemplo, del sencillo homenaje, pero altamente significativo, que algunas familias costarricenses efectuaron a los héroes de la Campaña del 56.
El tercero, se llamó Francisco, un Sargento del ejército costarricense que peleó en la mencionada Batalla de Santa Rosa, Guanacaste y en la Batalla de Rivas, Nicaragua, el 11 de abril de 1856, dónde es gravemente herido según se detalla en el informe del Dr. Karl Hoffmann Brehmer (1823-1859), galeno alemán que se desempeñó como médico jefe del ejército costarricense y quién anotó de su puño y letra, las heridas de este soldado textualmente como: “dos balazos en el brazo y uno muy grave en las costillas”. Un héroe que sobrevivió a las batallas y al cólera que azotó la región en la postguerra.
Don Francisco Castro Rodríguez, se infectó del bacilo del cólera, mientras se curaban sus heridas de guerra en el hospital de campaña militar en Rivas. Llegó a padecer de llagas y ampollas en su pecho, propias de las quemaduras producidas por la sopa hirviendo que se derramaba sobre él, al tener serias dificultades para comer por su cuenta, por culpa de las lesiones que tenía en sus extremidades. Luego, las religiosas lo alimentaron. Ya se sabía que tomando los alimentos bien calientes no había problema de infectarse del Vibrio Cholerae. La cantidad de soldados heridos por aliviar era enorme y superaban las posibilidades de atención del sanatorio militar. La epidemia del cólera fue tan letal en ese entonces, que se calcula que en Costa Rica llegó a causar la muerte a aproximadamente el 10% de la población.
Increíblemente, los héroes nacionales, tuvieron un mal regreso a Costa Rica. Muchos, todavía enfermos, fueron mal recibidos por los opositores políticos de Don Juanito. En ese contexto, poco tiempo después, Don Francisco, se ve obligado a vivir en el exilio en Nicaragua, entre otras cosas, por los conflictos políticos provocados por los contrarios a las aventuras militares, influenciados por los traidores que hoy en día son fáciles de identificar.
En 1895, casi 40 años después de su gesta heroica, los veteranos de la Guerra del 56 que aún vivían, reciben la medalla conmemorativa de las manos del Presidente de la República de ese entonces, Don Rafael Yglésias Castro, cuando Estableció el Parque Nacional e inauguró el Monumento Nacional de Costa Rica, en memoria de la Campaña Nacional de 1856-1857. Don Francisco, se reusó a asistir al evento, ya que dijo que no era digno de recibir el honor, sin que lo acompañaran los veteranos que ya habían partido. Poco tiempo después, en su lecho de muerte, recibió la visita inesperada del mismo Presidente Yglésias, quien le entregó la medalla en mano, antes de fallecer. Don Francisco Castro Rodríguez, recibió un funeral de Estado en la Catedral Metropolitana de San José.
Estos tres hermanos, representan con su vida, el nivel de entrega y compromiso que gran parte del pueblo costarricense manifestó ante el magno reto. Y la Campaña del 56, sin pretenderlo, se convirtió en una derrota que contribuyó a resolver favorablemente la Guerra de Secesión o guerra civil estadounidense de 1861 y que enfrentó a los Estados del Sur o Estados Confederados de América (1861-1865), con los del Norte, que se mantuvieron leales a los Estados Unidos de América y al propio Presidente Abraham Lincoln.
William Walker, era un abogado, médico, periodista y político, originario de uno de los estados del sur, que posteriormente formarían esa Confederación de Estados. Comulgó con una interpretación de la Doctrina del Destino Manifiesto que toleraba la esclavitud y la llegó a materializar en Nicaragua. Con su proclama “…o los cinco o ninguno”, evidenció sus intenciones de esclavizar las naciones centroamericanas. Gracias a la derrota que Walker sufrió varias veces en Centroamérica, se impidió que la estratégica región, por la Vía Accesoria del Transito que acogía, fuera anexada a la tirana y esclavista Confederación Sureña. Con esa victoria, Costa Rica definió su destino de luchar por la Democracia, la Igualdad, la Justicia y la Libertad, por siempre.

Dr. Fernando Llorca Castro
Embajador de Costa Rica ante los Estados Unidos de América